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EL DIA DE LOS DIFUNTOS
Allá por la década de los treinta, hasta mediados de los cuarenta, existió una costumbre en la Península , en relación a la recordación del día de los fieles difuntos.
Una de las tradiciones consistía en preparar “La mesa de los difuntos”, en víspera del 2 de noviembre de cada año: se preocupan de realizar alimentos con harina de trigo, frutas de la sierra y costa, manjares, legumbre, jugos, pescados, diversidad de mariscos, etc, y ponerlos en grandes mesas cubiertas con manteles para la ocasión, bajo toldos, con velas encendidas alrededor de la mesa que también contenía panes que representaban figuras humanas y de animales.
A los platos preferidos se les añadía una botella de licor, cigarrillos y caramelos, que al difunto le habían gustado en vida.
Después de un tiempo prudencial para que coman los difuntos, los familiares se dirigían a las casas de los vecinos y los niños iban diciendo “Ángeles somos del cielo venimos pan pedimos”, y la puerta se abría, para que todos reciban una donación de pan o comida del difunto. Luego se retiraban a sus casas con el producto de las donaciones.
Esta tradición se ha ido extinguiendo, pocas familias las siguen realizando y es seguro que esta costumbre se estableció antes de la llegada de los españoles a nuestra América.
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